• Edgar Vargas abril

El Claustro de la Presentación, historias de Cartagena para llevar en el corazón.

Actualizado: jun 19

Por Edgar Vargas

Es común que la gente en Cartagena cuente toda clase de historias sobre apariciones, ruidos y espantos que adornan las viejas casonas de esta hermosa ciudad, agregando una dosis de misterio al embrujo que produce el corralito de piedra a quienes lo visitan. Sin embargo, en pleno centro de la ciudad y tan solo a unos pasos del TEATRO HEREDIA rebautizado Adolfo Mejía, en homenaje a uno de los grandes compositores locales, se levanta un fantástico edificio que deslumbra por su belleza y protagonismo en la calle que tomó nombre, gracias a su propia historia: La calle del estanco del aguardiente. Se trata del antiguo Claustro del colegio de La Presentación, hoy sede de la Universidad Autónoma de Nariño.


Quienes lo visitan a diario, saben que no hace falta recorrer completamente el lugar para comprobar el rumor que se levanta por estos días en el centro histórico.

En el claustro de la presentación no espantan, sino encantan”.


Su elegante entrada introduce a sus invitados directamente al frondoso jardín que se adorna con el sonido de una fuente de agua, dispuesta para dar la bienvenida a quien necesite un oasis de tranquilidad en medio de su calurosa agenda turística.


La fragancia del café adorna la casa con el olor del campo colombiano, y el piano de cola que se abre generosamente para todos, interrumpe el concierto de paz, con fugas de Bach y valses de Chopin.

El espectáculo convierte en admiradores devotos incluso hasta los más incrédulos, transportando su imaginación por la historia y pone en evidencia el encanto que ejerce el Claustro, sobre quienes recorren su hermosa galería de arte, que con grandes arcos republicanos bordea la plaza central de la casa, testigo silenciosa de cientos de obras realizadas por extraordinarios artistas que exhiben sus trabajos con el único propósito de aumentar la belleza del lugar y desbordar de felicidad a cuantos lo visitan.

Resulta increíble imaginar doscientos años atrás al Virrey de turno, paseando con su caballo por los amplios corredores de la enorme casona, inventariando desde su silla de jinete, una a una, las naves del patio principal que servían como bodegas de licor, asegurándose por cuenta propia, que no se perdiera ni una gota del precioso aguardiente, un negocio tan valorado por los pomposos mandatarios de la época como el mismo oro de la colonia.

En ese momento, es posible que al visitante se le revele entonces la pregunta obligada: ¿Cuántas historias vivirán ocultas detrás de estos muros?

Para responder la pregunta, no hay nadie más autorizado que Nicolás, uno de los trabajadores más antiguos del claustro, porque él mismo escribió su propia historia, raspando cuidadosamente las paredes de la casa mientras era remodelada, motivado secretamente por la esperanza de encontrar una guaca olvidada por el Virrey Solís, que lo condujera directamente a la riqueza y que, según él, no debió ser tan millonario como cuentan, porque después de veinticinco años de escarbar sus rincones, nunca pudo hallar nada de nada.

Al final del corredor izquierdo y justo antes de iniciar la escalera, se encuentra una pronunciada curva que se eleva rodeada de flores mostrando el camino hacia el Pozo de Noria, del cual todavía brota agua pura y al que acudían diariamente en turnos de mañana y tarde durante la Cartagena Colonial, cientos de personas para proveerse del maravilloso líquido, muy escaso, por cierto en aquella época. Hay quienes aseguran sin preocuparse por tener que comprobarlo, que el pozo funcionó como túnel de escape en tiempos de guerra y que puede conducir directamente hasta la isla de Tierra Bomba.

Las Hermanas Dominicas se encargaron de proteger la casa de manera impecable fundando el colegio La Presentación, que opero durante 120 años y por el cual pasaron las muchachas más bellas de la sociedad Cartagenera. Se dice, que Gabriel García Márquez, ubico al personaje de Fermina Daza, protagonista de la novela El amor en los tiempos del cólera, como estudiante de este colegio. No fueron pocos los hombres que soñaron con atravesar los muros del claustro para intentar encontrar el amor de su vida entre sus alumnas. Algunos empresarios cartageneros de gran prestigio, reconocen abiertamente y con nostalgia, lo que significó pasar el mejor día de sus vidas, en medio de las mujeres más bellas de la ciudad, después de inventar toda clase de artificios para hacerse invitar por las buenas a la semana cultural del prestigioso plantel. Ni siquiera Juanes, el famoso cantante, pudo resistir los encantos femeninos frutos de este claustro, porque su esposa Karen, es una sus ex alumnas más queridas.

Pero el paso del tiempo y la modernización que se instaló silenciosa y aceleradamente en la nueva ciudad no perdonó a la congregación de las hermanas Dominicas y de nada les sirvió el milagro de haber transformado la primera fábrica de fósforos del país, en uno de los centros educativos de mayor prestigio del Caribe Colombiano. Con la llegada de las nuevas tendencias pedagógicas bilingües, sus clientes migraron uno a uno y poco a poco el manejo del colegio se hizo mas complejo.

Es aquí, donde comienza la historia cultural que hoy se abre paso entre lujosos hoteles y un centro histórico cada vez más privatizado y exclusivo. John Colunge, un pastuso muy caleño, que ya tenía a su haber la fundación de dos sedes universitarias en Colombia, se abalanzo directamente hacia las hermanas que decidieron ceder el espacio para que contribuyera a otros fines más prósperos. La idea de consolidar una universidad, cuya filosofía principal fuera el emprendimiento y la cultura vinculados al turismo, calló muy bien dentro de las experimentadas educadoras, quienes no dudaron incluso rechazar ofertas más generosas, para seguir aportando desde su retiro voluntario, al cambio de las nuevas generaciones por medio de programas educativos audaces, promotores de nuevas dinámicas de pensamiento.

La quijotesca tarea se puso en marcha ubicando la galería como punto de partida del proyecto y sin pensarlo dos veces, en ese momento John, el gestor de este sueño, decide jugar una de sus cartas más audaces, cambiar su preciado clásico Mercedes Benz, por un piano de cola. Sin ser músico, guiado únicamente por la certeza de su sensibilidad, dedujo que ese instrumento sería el sello que distinguiría a este maravilloso proyecto. Y no se equivocó, porque hoy, el centro cultural Casa Museo la Presentación de la Universidad Autónoma de Nariño, es la sede del Club del Piano, que mantiene una agenda cultural permanente; su galería de arte la visitan seis mil turistas cada mes y su teatro es la sede abierta de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Cartagena, la Banda sinfónica de vientos, la Orquesta de Cámara de la Fundación Música por Colombia y el coro Voices del Mar. En la plaza café, los jueves después de las cinco, se puede gozar de recitales en vivo y cada año, el paso de artistas y personalidades del mundo entero por el claustro es mas común.

Dentro de sus ilustres visitantes se cuentan instrumentistas de talla mundial, invitados por el Festival Internacional de Música de Cartagena, del cual es sede, como también lo es, del evento Concuerda, que reúne a los mejores lutieres de toda América en cabeza de Tom Wyder.

En el segundo piso la magia se acentúa y la vista del jardín desde la baranda que lo rodea, requiere un momento de meditación obligatorio, antesala del encuentro con la hermosa capilla heredada de las monjas, que en la actualidad acoge a enamorados del mundo entero que deciden apostarle al recogimiento natural que ofrece el claustro, para consagrar sus votos de amor, para toda la vida.

Definitivamente este sitio, nos recuerda, lo que ya muchos sabemos por experiencia:

No es lo mismo pasar un día en Cartagena, que vivir un día en ella.

Atrévete a vivirla.

Edgar Vargas

TRAVIATA

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