• Edgar Vargas abril

La Historia de Nuestra Fundación


Por lo general, los colombianos estamos acostumbrados a olvidar con demasiada rapidez nuestra propia historia, motivados en parte, por la necesidad de sobrevivir en medio de las complicaciones que nos ofrece la realidad nacional promocionada ansiosamente desde los medios de comunicación. Pero, para poder dimensionar el proceso que alumbró el nacimiento de la Fundación Música por Colombia, es necesario que nos ubiquemos en el momento histórico que vivía Cartagena cuando apenas comenzaba el nuevo siglo. Hace 16 años la realidad de nuestro país se reflejaba en Cartagena, como una ciudad dividida por la desigualdad donde la mayoría de su población vivía en la pobreza absoluta, en medio de gigantescas invasiones que servían de albergue a miles de familias desplazadas por la violencia. En el centro histórico deambulaba la indigencia y el sector exclusivo de Bocagrande sitiado por la prostitución, se encontraba aislado del progreso gracias a una acción de tutela que por más de diez años detuvo toda construcción superior a cuatro pisos, castigando su incapacidad  como ciudad de abastecer agua potable y  manejar apropiadamente sus aguas negras, que con frecuencia  se vertían directamente en las playas, sufriendo como consecuencia lógica la disminución gradual de turistas que terminaría convirtiendo al sector hotelero de Cartagena, en un reglón frustrado de la economía nacional de esa época, que veía sin proponer remedio alguno, como millones de compatriotas huían  de la guerra que sometió paso a paso al país, primero en su zona rural, luego en sus carreteras principales y por último incomunicando y aterrorizando sus ciudades. En medio de esta compleja realidad, sin ningún tipo de respaldo económico y basándose únicamente en su experiencia y su deseo de promover cultura y educación, Edgar Vargas y María Jimena Díaz, dos Santandereanos, que se conocieron y se casaron frente al mar, decidieron dar el primer paso  para alcanzar su sueño, construyendo con sus propias manos un set de instrumentos ORFF, que serviría de semilla para hacer crecer  la Fundación Música por Colombia, hasta verla convertida en una de las organizaciones culturales más importantes del Caribe Colombiano, corroborando con hechos lo que el proverbio budista anuncia con sabias palabras: “El invierno  siempre se convierte en primavera” Finalizada la etapa de construcción de equipos, la tarea de conseguir un patrocinador se convertiría en el paso a seguir y luego de tocar puertas durante tres meses y realizar más de 30 visitas a diferentes empresas, su propuesta encontraría eco en las directivas de la Fundación Mario Santodomingo, quienes decidieron apoyar la iniciativa de crear el primer Centro de Formación Orquestal de Cartagena en la institución educativa Jesús Maestro, del barrio Nelson Mandela, que atendería a 75 estudiantes en su primera etapa de trabajo. El plan inicial contemplaba que la primera fase de formación musical se hiciera de manera silenciosa, manteniendo un perfil bajo, para no apresurar la maduración del talento de los niños, pero la musicalidad del grupo se abriría paso por cuenta propia y el entusiasmo que generaba en todas las personas que por diferentes razones visitaban por ese entonces la institución educativa, sería el presagio de la fama que alcanzarían gracias a sus hermosas voces, disciplina y calidad humana. Con menos de un año de trabajo el grupo de pequeños artistas fue invitado a recibir a la Reina Sofía, cuando vino a la ciudad para inaugurar el bellísimo edificio del Centro de Cooperación Española ubicado en el recién restaurado claustro de Santodomingo, luego vino la invitación para acompañar el cumpleaños número cincuenta del Hotel Hilton, que por primera reunía a niños de los sectores vulnerables en un evento de gran trascendencia social y comercial. Le siguieron la visita de los presidentes de Sur África y Alemania, los príncipes de Dinamarca, la visita del magnate Bill Gates y el expresidente de Estados Unidos Bill Clinton, nada mal teniendo en cuenta que estos niños no sobrepasaban los 12 años de edad, nunca habían tocado un instrumento musical en su vida y muchos de ellos, aunque parezca increíble reconocerlo hoy, no conocían ni siquiera el Centro Histórico de Cartagena. Las invitaciones aumentaban de forma paralela al crecimiento musical del grupo y gracias a su poderoso acenso, se convirtió en punto de partida para que otras empresas como La Sociedad Portuaria de Cartagena, decidiera apoyar la creación del segundo centro de formación orquestal, esta vez con sede en la escuela Almirante Padilla en el sector del Zapatero, una de las zonas más complejas socialmente hablando de la ciudad. Los proyectos se multiplicaron con el apoyo de Ecopetrol que se unió para acompañar la formación musical en el sector de Pasacaballos y luego la fundación Proboquilla apoyaría el desarrollo del Centro Orquestal en su zona de influencia. El reconocimiento de la Fundación Música por Colombia, se fortaleció cuando el embajador de Alemania, al verlos en escena en un encuentro casual, decide invitar a Bogotá, a 110 niños de los programas activos de ese momento, para que sirvieran de anfitriones en el lanzamiento de la Fundación SIEMENS Latinoamérica, acto solemne al que asistió en pleno el primer gabinete del recién elegido presidente de Colombia el doctor Álvaro Uribe Vélez. La presencia de los niños en Bogotá coincidió con el éxito en audiencia de la primera versión del reality de RCN, Factor X, al cual asistieron nuestros artistas como invitados especiales. Le siguieron invitaciones maravillosas como servir de teloneros de Carlos Vives y Fito Páez en la primera versión de Hay Festival, o la invitación de Juanes a su concierto en el estadio Metropolitano de Barranquilla, pero seguramente el encuentro que más recuerdan los chicos de la Fundación fue aquel que sostuvieron con el Tenor Plácido Domingo, en el barrio Nelson Mandela,  en el que la maravillosa voz del maestro se unió al unísono cantando con los niños el tema Bésame Mucho, en un improvisado momento musical que cambió para siempre la vida de muchos de los asistentes a ese encuentro, hasta el punto que varios de estos estudiantes terminarían su carrera profesional como músicos y hoy se desempeñan como maestros directores de los nuevos Centros de Formación Orquestal. Dos acontecimientos altamente positivos marcaron la diferencia en  el 2007, para  la Fundación Música por Colombia, el primero de ellos tuvo que ver con la entrega de las llaves de la ciudad por parte de la alcaldía de Cartagena,  reconociendo su labor artística, y el segundo  la vinculación de Fundación Mamonal como aliado del proyecto, que aceleró la consolidación de la Red de Centros Orquestales de Cartagena, porque gracias a su gestión se desarrollaron ocho nuevos centros de formación en las comunidades de Olaya Herrera, Getsemaní, San Francisco, San José de los Campanos, Arroz Barato, Buen Aire, Albornoz y Policarpa, completándose 13 proyectos en total, con Mandela, Zapatero, Manzanillo del Mar, la Boquilla y Bicentenario. Durante 10 años, los estudiantes de Música por Colombia, participaron de manera activa del Festival Internacional de Música de Cartagena, siendo invitados especiales por tres años consecutivos al gran concierto del Puerto de Cartagena, que une a los músicos en formación con maestros del mundo entero que asisten cada año a esa importante cita cultural. Fue a través de estos encuentros, que los músicos de la orquesta I Musici de Montreal, luego de establecer una gran amistad con el grupo de estudiantes de la Fundación encabezados por el violista Jacques Proulx, adoptaron pedagógicamente a nuestros jóvenes ofreciéndoles talleres presenciales del más alto nivel técnico, durante seis años consecutivos.      La tarea musical en crecimiento recibió su premio justo cuando la ministra de relaciones exteriores de Colombia, María Ángela Holguín, decidió nombrar embajadores culturales de Colombia a los integrantes de Nuestra Orquesta, quien luego de reconocer su talento en la presentación que realizó éste grupo inaugurando la sede alterna de la Cancillería de Colombia, que se estableció en la antigua Casa del Márquez de Val de Hoyos,  les extendió una invitación a  los  los chicos de Música por Colombia,  para que viajaran a la ciudad de Washington en junio de 2016, a inaugurar el museo Afro Americano de esa ciudad.   Hoy la Fundación Música por Colombia, cuenta con 12 bandas de vientos en formatos mixtos, 16 coros y orquestas infantiles, una orquesta de cuerdas, una orquesta sinfónica y una banda Sinfónica de vientos, que tiene como sede principal el Antiguo Claustro de la Presentación, gracias al respaldo que recibe de la Universidad Autónoma de Nariño. En este hermoso Claustro  es posible asistir cada sábado de manera gratuita a los ensayos de los grupos principales y se adelanta cada año, en el mes de febrero el evento Lutheria más importante del país, organizado por la Fundación Concuerda de Canadá, que preside Tom Wayder, considerado como uno de los grandes lutieres del mundo, quien junto a su grupo más cercano de colaboradores, realizan la tarea de reparar los instrumentos con los que aprenden los niños de la Fundación y que en su última versión 2017, logró de  recuperar  50 violines donados por el Concurso Nacional de la Belleza. Así es la historia de la fundación Música por Colombia, extraordinaria e increíble, tal vez debido a eso, cada año, donantes particulares de todo el mundo tocan sus puertas para apoyar su labor; existen catorce notas de página entera en los periódicos regionales y la revista semana dedicó dos notas muy sentidas sobre la manera como se adelantó todo este esfuerzo. Pero, la declaración que hizo el periodista Juan Gossaín en su columna del tiempo en la que cataloga de hazaña este proceso y nombra a su director Edgar Vargas, como un apóstol del país, por haber hecho posible lo imposible sin necesidad de recurrir a ningún acto de corrupción para lograr sus metas, pone a la Fundación Música por Colombia como un ejemplo a seguir en el desarrollo de proyectos masivos de formación musical no solo en Colombia sino para toda Latinoamérica.

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